Martes
Cerrados mis ojos, un cuerpo danzando entre el paraíso del sueño. Solo siento en mis oídos la fuerte insinuación del llanto. Sé, porque puedo percibirlo, como mi ceño se frunce, se entristece, como mi garganta se ahoga, quiere anudarse fuertemente. Es una invitación a llorar, dormida y sin razon, alguien quere que sufra por versos ajenos.
Mi cuerpo transpirado no entiende, reacciona al calor agobiante, cree en un invierno acalorado coartando cada respirar. Agacho la cabeza, descubro mis palmas, envejecidas, lastimadas por diminutos rasguños. Ahora solo siento el dolor, un dolor alquilado para mi, para hacerme llorar.
Yo hago puchero, ella hace puchero
Yo hago ravioles, ella hace ravioles
Yo lloro desesperada, ella se muere de la risa